El Catalejo. The Blog de David

Algunas vueltas de la vida, en algunas palabras.

A Puerto Padre Me Voy.

Puerto Padre Cuba 2_001

Puerto Padre te recibe como con los brazos abiertos tras llegar a la cima de una modesta elevación que te premia con su Hermosa vista de un mar azul , que puedes divisar desde la carretera que luego se convierte en una avenida o paseo que funge como calle principal con sus casas bonitas, su iglesia, su parque, su malecón, su fortín,  y su molino de viento que ¨muele y dispersa¨ ese aroma de mar que embriaga el pueblo con un toque mágico y casi único del Oriente Cubano. Ahí está Puerto Padre como una acuarela abrazada por el océano atlántico y sus playas“ El Socucho “ y “ La Llanita” que conforman el litoral de Covarrubias, lleno de esplendor.  Y yo contento de volver y de visitar a mi familia.

Hasta la gran casona de mi prima Zoyla Aurora Leyva, en la Calle Maceo 145, a un costado de un restaurante llamado ¨El Ranchón ¨ llegábamos mi mamá y yo, y ella siempre nos recibía  con su delantal puesto sobre su gruesa figura con una sonrisa y sus expresivos ojos azul-turquesa, y me daba un abrazo de esos que tú sabes que son de verdad porque te transmiten ese sentimiento de amor verdadero, y yo también la abrazaba con mucho cariño bajo aquel inmenso portal colindante a la casa. Igual alegría me daba poder ver a mi primo Nelson y a Pelao el esposo de Zoyla Aurora, con su abundante bigote entre canoso y su amplia sonrisa, y nos invitaba a dar una vueltecita en su Chevrolet tipo Guagüita en el cual se ganaba la vida como chofer de alquiler y terminábamos  en el central Chaparra, para comer unas deliciosas pizzas de que queso que según él eran las mejores de Cuba .

Aquello para mí era un gran deleite, mi primo Nelson me llevaba a jugar pelota y ahí me dejaba mientras enamoraba a las muchachas del pueblo, que casi siempre le decían que si por ser un joven “ bonitillo”; mientras tanto yo me divertía en el juego sin preocupaciones porque siempre me dejaban jugar, cosa que no encontraba en mi barrio de  Camagüey por tener fama de ser malo fildeando la bola, pero ahí no, pues todo el mundo me quería y yo era hasta “famoso” entre ellos.

Estando allí y con  unos 10 u 11 años  el equipo de Camagüey quedo por primera y única vez campeón en una serie nacional de béisbol, hasta el día de hoy, y aquello a mí me rebosaba de satisfacción, tanto que yo seguía uno por uno los juegos de los llamados ¨ incapturables¨ que de manera magistral describía el narrador  Bobby Salamanca a través de la radio. Mi admiración por el equipo y por las descripciones de Bobby, eran tan grandes que podía  imaginar un juego y describirlo por 2 o 3 innings, ante una concurrida visita de vecinos que en las noches se daban cita en casa de Zoyla Aurora, para oírme describir aquel partido imaginario, donde siempre Camagüey ganaba y sus peloteros conectaban jonrones con las bases llenas.Todavía recuerdo cuando imitando a Bobby yo decía ¨ … y ahí entra al cajón de bateo Felix Bood, el hombre proa en la nave incapturable, con la guardarraya limpia…¨ Y así sucesivamente, hasta que no podía más y explotaba sin aliento y emocionado mientras ¨mis admiradores¨ trataban de darme animo con sus frases de ¨…otro inning davisito…otro inning …¨.  ¡ Cuanta inocencia !.

Otras de las cosas que más me atraían de mi prima Zoyla Aurora, era lo rico que hacía unos frijoles Caritas que eran bien blanditos  y  a los cuales llamaba ensalada, y a mí me chocaba aquel nombre pues siempre lo vinculaba a los vegetales, pero estos eran cocinados con aceite, ajo y cebolla rebanada.  Otras de sus exquisiteces eran unas Morcillas bien condimentadas que hacia después de una trabajosa jornada de matar el puerco, guardar su sangre, lavar no sé cuántas veces sus tripas con agua y después con jugo de naranja agria hasta quedar bien limpias.Seguidamente las llenaba de la sangre condimentada con gorditos bien sofritos y las cocinaba en un enorme caldero en un fogón de leña en el patio. Ella siempre me complacía en todo; pero una de esas veces me dijo que ya no comiera más Morcillas que me iban a caer mal, pero yo la vigilé  y en la noche a escondidas, entre a la cocina y las comí con exageración, tanto que esa madrugada amanecí en el cuerpo de guardia del hospital del pueblo con unos Vómitos y Diarreas espantosas.

Una más de las costumbres de mi prima, y también la de mucha gente, era hacer Puré de Tomate en la época de cosechas, para asegurar el preciado condimento hasta el próximo año, porque en Cuba, la escasez siempre ha sido una constante. Resulta que ella hizo su puré de manera rigurosa al cual le añadía varias aspirinas que decían conservaba el producto hasta la perpetuidad y nos pidió que la ayudáramos a envasarlo en unas botellas que llevaban un riguroso proceso de esterilización y sellado, pero yo quería irme a jugar y eran muchos los calderos que esperaban para ser vaciados, – porque eso sí, el tomate tenía que estar frio para poder ser envasado- entonces yo en mi apuro, tome una manguera y sin que me vieran le eche agua por fuera hasta refrescar uno de los calderos y le dije señalándole  ¨ Mira ya este está para envasar,  tócalo que está bien frio…¨ pero yo sabía perfectamente que el puré aún estaba caliente por dentro, ella tocó la olla  ligeramente y dio su consentimiento, y ahí mismo yo empecé a rellenar las botellas. 

Serian como la 2 o las 3 de la mañana cuando desde el cuarto donde dormía con mi madre empiezo a sentir como un bombardeo en la cocina; había comenzado el efecto de rellenar botellas con el puré caliente. Todas explotaban de una manera estruendosa y corrimos a ver qué sucedía mientras Pelao se nos adelantaba machete en mano creyendo que era algún intruso, cuando pudimos descubrir con perplejidad que aquella pulcra cocina, había  sido víctimas de mis apuros, mientras el puré de tomate goteaba desde lo alto del techo donde se había incrustado al salir disparado .  Mi prima Zoyla Aurora me miro incriminándome, y yo consiente de lo que había hecho le dije tratando de limpiarme de cualquier culpa  ¨… Esas fueron las aspirinas, yo creo que se te fue la mano…¨.

Pero ella me quería tanto que a la mañana siguiente ya me había perdonado y andábamos buscando más tomate, para hacer más puré, pero eso si, conmigo bien lejos de toda aquella elaboración, bajo la amenaza de mi madre, de no traerme por buen tiempo a Puerto Padre. Ya hace muchos años que no voy por ese hermoso lugar, pero hoy,  sin visa y sin dinero he vuelto gracias a los recuerdos que no tienen precio. 

 

 

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Esta entrada fue publicada en julio 11, 2014 por en Cronicas, Cuba, Inicio, Periodismo., Puerto Padre, Relatos y etiquetada con , , , , , , , .

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