El Catalejo. The Blog de David

Algunas vueltas de la vida, en algunas palabras.

Iré a Santiago.

 

Cuando llegue la luna llena iré a Santiago de Cuba, iré a Santiago, en un coche de agua negra. Iré a Santiago. Cantarán los techos de palmera. Iré a Santiago. Cuando la palma quiere ser cigüeña, iré a Santiago. Y cuando quiere ser medusa el plátano, iré a Santiago. Iré a Santiago con la rubia cabeza de Fonseca. Iré a Santiago. Y con la rosa de Romeo y Julieta iré a Santiago. ¡Oh Cuba! ¡Oh ritmo de semillas secas! Iré a Santiago. ¡Oh cintura caliente y gota de madera! Iré a Santiago. ¡Arpa de troncos vivos, caimán, flor de tabaco! Iré a Santiago. Siempre he dicho que yo iría a Santiago en un coche de agua negra. Iré a Santiago.   FRAGMENTOS DEL POEMA: SON DE NEGROS/ DE FEDERICO GARCÍA LORCA.

Aquel primer viaje para visitar el Santuario  de la Virgen de la Caridad del Cobre en Santiago de Cuba, no había estado exento de contratiempos. Era el tercer tren que se nos iba en igual cantidad de días por la avalancha de pasajeros que siempre abarrotaban esa ruta y otra cualquiera. Por lo tanto a la cuarta iba la vencida. Y así fue. Finalmente en un pasillo amontonado, por personas, cajas y animales, emprendí acompañado por tres amigos, mi primera experiencia hacia ese lugar sagrado para muchos cubanos. En la agenda de mis amigos y en la mía también, iba un objetivo prioritario y difícil de lograr, pero con una fe absoluta en que la Virgen nos ayudaría en nuestros clamores. Era un  verano de la primera mitad de los noventa, que sacudía la isla con una crisis espantosa. Hacía un calor insoportable y olores de todo tipo y tras el prolongado pitazo que anunciaba la partida, lográbamos salir desde Camagüey, hacia un lugar que siempre emociona visitarlo.

De inmediato empezaban a asomar todo tipo de personajes que iban a protagonizar aquel largo viaje; pero una de las cosas que más me llamó la atención fue la puja por la compra de una Calabaza de las llamadas de Corneta, que tienen mucha masa, pocas semillas y exquisito sabor. Recuerdo que el dueño de la calabaza, abrazaba aquel preciado fruto de la naturaleza, como si fuera una hija muy querida.

 

La calabaza era enorme y su propietario la acercaba, para que algunos la tocaran con el nudillo de sus dedos y la calabaza resonaba con cada toque, como señal de que estaba amarillita, dura y pastosa, es decir tenia todos los ingredientes para ser bien cotizada. Eran los tiempos en que un salario promedio rondaba los 150 o 200 pesos mensuales. El dueño decía que no la vendía por nada del mundo, pero dejaba entrever que si había una oferta jugosa, podía ceder. Percibido el hecho, la primera  propuesta vino de un gordo que transportaba un Cerdo que viajaba apaciblemente dentro de un saco gracias a un diazepán que le habían suministrado, según explicaba el dueño. Y el gordo empezó la puja ofreciendo 60 pesos, por la calabaza que fue subida inmediatamente por otros viajeros a 80, 100 y 120 pesos en un regateo que duro buen tiempo mientras el tren avanzaba.

 

Estaríamos en las cercanías del central Siboney,  cuando una señora que se había mantenido todo el tiempo en silencio, hizo la más tentadora de las propuestas: Una botella llena de manteca de puerco y unos chicharroncitos que olían a delicia, por el preciado fruto de la naturaleza.  Fue algo fulminante, algo así como un jaque mate que llevo al propietario a acceder con la cabeza y dar por hecho el trueque.  Ella le había ganado el pulso a las propuestas monetarias y lograba arrancarles la calabaza al más valiente de los pujadores que un intento desesperado subía su oferta hasta los 130 pesos por la susodicha vianda. Tenía un resplandor de triunfo en su rostro aquella mujer que era incomparable, porque ahora  la podía tener entre sus brazos y ella disfrutaba los elogios hacia la calabaza y se la ofrecía a otros viajeros para que le cogieran el peso. Y la señora explicaba como la iba a cocinar echándole manteca de puerco calientica con ajos machucados y unas cebollitas laqueadas, mientras el gordo que más pujó no quería oír aquello y lleno de frustración se habría paso entre la multitud, porque él al igual que nosotros tragábamos en seco. Era el  valor de las cosas en determinadas circunstancias el que se imponía, porque en ese momento, tener una cucharada de grasa de cerdo para echarle a una comida, era un privilegio.

 

Otras muchas anécdotas y personajes colmaban aquel tren de pasajeros que después de casi 8 horas de viaje, anunciaba nuestra llegada a Santiago de Cuba, que nos recibía con un gran apagón, que era otro de los protagonistas de esa época, pero que gracias a la luminosidad de ese Caribe nuestro, me permitía  divisar que había llegado a una gran ciudad, bella e irrepetible que dormía en penumbras, pero que dejaba entrever su encanto, bajo una luna llena y llovizna recién caída que la envolvía en un  clímax único.

 

En las afueras de la Terminal, se amontonaban choferes de alquiler que veían en ese tren una oportunidad de sacar ganancia en rio revuelto, pues sabían que a esa hora, era impensable encontrar algún transporte público con un precio honesto. Salir de allí significaba pagar una suma cuantiosa y mi amigo Rolando que era el más solvente y cabeza de la familia Montejo con la cual viajaba, pudo alquilar un auto hasta el Santuario de la Virgen del Cobre, que estará como a unos 20 o 25 kilómetros de Santiago de Cuba, el chofer nos dijo que en aras de ganar tiempo nos llevaría por el Camino más cercano, pero también más tortuoso, según pude comprobar después; y así dando tumbos prácticamente a ciegas en aquel Chevrolet del 52, con motor de petróleo Ruso y cuyos faroles apenas iluminaban el complicado camino, me llevaba a pensar que en cualquier momento terminaríamos incrustados contra una casa u otro auto. Avanzábamos a una velocidad espantosa mientras nos mirábamos aterrados por aquel rally en el que nos habíamos metido, pues ese chofer al igual que otros debía regresar cuanto antes a la terminal, para seguir su faena. Y así como montados en una montaña rusa, llegamos a tan sagrado lugar.

 

Una vez allí y gracias a la bondad de los religiosos que cuidaban del lugar, pudimos alojarnos en el Hostal del Santuario, dormir un rato y poder descubrir uno de los amaneceres más bellos que puedan ser apreciados, porque gracias a Dios y en medio de tantas situaciones difíciles, la naturaleza nos regalaba el canto de sus aves, el verdor de las montañas orientales que puedes apreciar desde sus esplendorosos patios que circundan el lugar con una vista privilegiada desde la cima de una loma, y mirar también un pueblo pintoresco y lleno de flores por todas partes, aunque no exento de otros colores.  El Santuario del Cobre es un sitio donde percibes una paz interior muy grande, es como un oasis, a la realidad que se vive más allá de sus muros.

 

Caminamos a la Iglesia, asistimos a misa, subimos al salón de la segunda planta donde se encuentra una imagen de la virgen y allí en el más absoluto silencio pedimos aquel deseo lleno de tantos sentimientos encontrados. Era la solución que veíamos a una vida que se te iba como el agua entre las manos. Ese día rezamos con mucha fe.

 

Regresamos y con más calma pude contemplar la bella ciudad de Santiago de Cuba, con sus calles y parques, su arquitectura y su gente tan musical y expresiva; y tomar su preciosa Alameda en busca del  El Morro situado en la entrada de la bahía y que desde uno de sus balcones te permite contemplar el alto Oriente Cubano con todos sus coloridos y el Mar Caribe a tus pies. Santiago es una Ciudad única. Eso pensaba mientras regresaba a mi ciudad natal.

 

Años después volví, pero esta vez desde otro lugar más allá de nuestras fronteras, y por supuesto, también al poblado del Cobre para darle las gracias a la Virgen, recorrer de nuevo cada palmo de ese hermoso lugar, respirar hondo y agradecerle una vez más a nuestra patrona por habernos concedido aquellas visas para un sueño; y prometerle regresar una y otra vez porque ya tenemos un pacto y otra promesa por cumplir, que posiblemente sea la de muchos también.

 

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4 comentarios el “Iré a Santiago.

  1. Mencha
    junio 23, 2014

    Magnífico blog y bellísima Cuba. Un saludo.

  2. lurda55
    octubre 10, 2014

    Te he nominado para el Black Wolf Blogger Award, en mi Blog. Saludos.

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